Una noche presenció como una de ellas se dormía para siempre, se apagaba. Y pudo apreciar como ese pequeño haz de luz pasaba de ser todo, a no ser nada.
Desde ese momento se dio cuenta de que no hace falta más que una milésima de segundo para dar lugar al cambio, de que el tiempo es tan poderoso e importante que llega a ser insignificante. Se dio cuenta de que hay que amar el presente pese a todas sus adversidades.
No hay comentarios:
Publicar un comentario