viernes, 11 de noviembre de 2016

Ella cayó, él la levantó.

Corría detrás de él, 

mientras me fijaba en su espalda,

la octava maravilla del mundo.

Él se dio la vuelta,

me sonrió

y perdí el equilibrio.

Me caí,

por no mirar donde pisaba.

Cuando me levanté quise besarle

pero no estaba,

no estaba a su altura.

Él se dio la vuelta,

de nuevo,

y me levantó del suelo.

Esta vez, fue él quien quiso besarme.

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